La Coctelera

Legends of Circonio

Antiguo Clan del World of Warcraft en el servidor Argent Dawn

16 Julio 2006

Colaboración animal

Escrito por Khondor Tharauman

En este juego hay una cosa que nunca he sido capaz de entender. Supongamos que vas por el desierto de Tanaris y te ataca una hiena. Comienzas a luchar contra ella, pero no puedes evitar que un pajarraco pase demasiado cerca y se incorpore al combate. ¿Ataca a la hiena? Pues no, te ataca a ti. Según sigue la lucha, de repente oyes que un escorpión te ataca por la espalda. Ya son tres bichos distintos atacándote.

Yo entiendo que el jugador soy yo y, por tanto, también soy el objetivo de los enemigos. Tampoco pasa nada, porque me los cargué a los tres. Pero me pongo nervioso ante las situaciones absurdas que no consigo comprender, como por ejemplo cuando los coches de policía suicidas de The Getaway se lanzaban contra mí, poniendo en peligro a todos los transeúntes. ¡Un policía real nunca actuaría así!

En el caso que nos ocupa ¿cómo es posible que un pajarraco, una hiena carroñera y un escorpión crecidito se pongan de acuerdo para unir fuerzas contra mí? No tiene ningún sentido. Pero claro, es lo más fácil de programar.

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1 Julio 2006

Resurrección

Escrito por Babylon Straczynski

Gris. La muerte era gris. Hasta donde alcanzaba la vista no había nada de color. Sólo blanco y negro. Y gris. El mago siguió avanzando hacia una montaña, en dirección al pequeño altar que sabía que se encontraba justo detrás. Habían pasado meses, muchos meses de investigación, pero lo había conseguido.

No era la primera vez que estaba muerto. La vez anterior era un simple campesino que había perecido víctima de una plaga. Pero había regresado al mundo como un no-muerto y se había iniciado en los misterios de la magia. Si ese maldito enano cazador no le hubiera disparado por la espalda, ahora sería un mago de gran poder y renombre. Pero le había cogido desprevenido y aquí estaba otra vez: muerto.

Aunque no sería por mucho tiempo. Estaba convencido de que sería capaz de regresar a la vida una vez más, reproduciendo parcialmente el efecto de la plaga de los no-muertos. Pero dado que su poder era muy inferior al del Rey Lych necesitaba un nexo de unión entre los dos planos para potenciar el hechizo. Aquí es donde entraba en juego el altar, erigido en honor de los muertos de una gran batalla en los tiempos antiguos. La vida y la muerte se entremezclaban en ese lugar y el velo que las separaba era más frágil.

Al girar el último recodo del camino vio el altar. La impaciencia hubiera amenazado con ahogarle si hubiera tenido pulmones con los que respirar. Pero estaba muerto. Como también lo estaban los dos contendientes que batallaban junto al altar. Un enano (otro de esos malditos enanos) y un tauren luchaban en un combate sin final. Estúpidos. ¿Qué pretendían? Estaban muertos, ninguno de los dos podía vencer. El antagonismo entre Horda y Alianza no tenía sentido en ese lugar.

Si hubiera estado vivo es posible que el mago hubiera atacado a los desprevenidos guerreros por la espalda para eliminar la molestia. Pero eso no tenía sentido. No podía matar a los muertos y acabaría inmerso en un combate eterno. En lugar de eso se acercó todo lo que pudo sin que lo vieran y, cuando estuvo lo bastante cerca, los congeló en un bloque de hielo. Hielo gris. No tardarían en zafarse de esa prisión, pero había ganado suficiente tiempo para realizar el hechizo. Cuando salieran del hielo el ya se habría marchado.

El mago depositó ambas manos sobre el altar y comenzó a salmodiar. La cadencia del canto fue aumentando a medida que sentía como el poder chisporroteaba a su alrededor. Estaba a punto de conseguirlo. Sólo tenía que enfocar la mente… pero había demasiado poder. El nexo entre los planos era extraordinariamente poderoso. Más de lo que había calculado. Las energías liberadas amenazaban con despedazar su ser… sólo un poco más… sólo un poco…

La fulgurante detonación fue visible desde kilómetros de distancia. Al desvanecerse el brillo ya sólo quedaba el altar y la montaña. No había nadie allí. Solo era un enorme paisaje vacío. Gris.

Zuus, el paladín enano, despertó en medio de los pantanos de Kalimdor. No recordaba qué estaba haciendo allí ni cómo había llegado, pero el hecho es que estaba allí. Vivo. Poco a poco fue reconociendo la zona y recordó que la ciudad de Theramore estaba cerca. La posada sería un buen lugar para centrar sus ideas y tomar un par de jarras de cerveza.

El gentío que abarrotaba las puertas del banco de Orgrimmar estaba tan enfrascado en sus asuntos que no reparó en el tauren que se levantaba de un rincón en el que no había absolutamente nada un momento antes. Mugraul el druida meneó la cabeza intentando aclarar su mente. ¿En qué momento se había quedado dormido? Perplejo, revisó su mochila y encontró unas cuantas pieles curtidas de gran calidad. Su venta le proporcionaría suficiente dinero para pagarse una buena comida. Estaba hambriento.

El viento helado ululaba sobre las llanuras de Winterspring. Tenía frío. Sentía el frío. Eso quería decir que lo había conseguido. Había vuelto a la vida. Se miró las manos esperanzado, pero la alegría que sentía desapareció bruscamente. No estaba muerto, pero tampoco estaba exactamente vivo. Seguía siendo un no-muerto. El mago mantuvo la vista fija en el horizonte durante mucho tiempo, sintiendo la mayor de las decepciones en el fondo de su alma.

Al atardecer, un yeti surgió de entre los árboles, en busca de algo de caza. Lo último que vio en su vida fue la enorme bola de fuego que se dirigía hacia él. Babylon, el mago no-muerto, pasó junto a los restos carbonizados y caminó a paso vivo hacia la cercana ciudad goblin de Everlook. Al menos no había perdido su poder. Quizá había otra forma de recuperar su humanidad perdida. Quizá.

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28 Junio 2006

Dark Age of Camelo...digo! Camelot

Escrito por Tazar Inglorion

En Legends of Circonio, estamos planteándonos “expandir” nuestras fronteras y no limitarnos solo al World of Warcraft, algunos gustosamente mandaríamos el juego al carajo si apareciera en el mercado el Galaxies Of Starcraft, pero como ese juego todavía no existe seguimos aventurándonos de forma pendenciera por el mundo de Azeroth.

Así que descargué una demo del juego Dark Age of Camelot, otro juego MMORPG, como el WoW.

Este es el relato de los hechos:

Instalo el juego, todo bien, versión de 14 días, así es, me pide el número de la tarjeta de crédito, lo doy un poco desconfiado, pero bueno.

Venga ya voy a empezar a jugar, me creo el personaje, joer, son 3 facciones y 4 por personaje, me decido por un humano mago (o supongo que es eso), los personajes son un poco birrias, gráficamente no llama la atención, solo se puede cambiar el aspecto de la cara del personaje y el color del pelo, la verdad es que la cosa no difiere mucho entre las opciones, con barba, sin barba, pelo corto, pero por los hombros... nada mas.

Termino de creármelo y lo primero que me encuentro es con una tía que no para de hablar, esta media hora contándome algo que me perdí a los 3 segundos..... "venga....¡venga!....¡vengaaa cállate ya y que esto empiece!" empezaba a ponerme un poco nervioso, cuando“¡por fin!” salgo por unos portones y los gráficos son una serie de polígonos un poco tristones y famélicos. Me encuentro con un tipo raro que me dice que tengo que empezar mi instrucción "¡Ya coooooñooooooo!" no hay nada que odie mas que me digan en un juego lo que tengo que hacer al detalle, por lo menos solo hay dos opciones, atacar y defender, en ese momento me pareció estupendo que hubiera esa escasa variedad. Termino la instrucción y salgo de allí corriendo, pantalla de carga, sigo por un camino, pantalla de carga, llego a un pueblo, no veo nada interesante, salgo del pueblo, pantalla de carga, un camino, pantalla de carga. A esas alturas ya me había dado cuenta de que todo estaba dividido en pequeñas zonas que al salir de ellas tenía que tragarme una pantalla de carga. Llego a la capital, el exterior recuerda sospechosamente a Stormwind, pero el interior no, sigue con la misma tónica general del juego de unos gráficos malísimos y una ambientación fría y lúgubre. En lo referente a interacción con otros jugadores, pues me fue difícil, porque solo me encontré con dos y no sabia como hablar con ellos.

Bueno, ya he sufrido bastante, aprieto esc, nada, vuelvo a apretar, nada, esc, esc, esc, esc…. nada. Desde el principio de los tiempos en el mundo de los videojuegos, siempre, siempre que se aprieta el botón escape ocurre algo, aparece una ventana de opciones o sales de alguna cosa, pero en este juego no. Le doy a todos los botones y no sale ninguna ventana de opciones "que coño pasa? esto parece una condena mas que un juego" busco alguna cosa en el interface de mierda y no aparece ninguna opción del juego, ni nada para salir de ese infierno. Finalmente consigo salir de una forma poco ortodoxa y lo primero que hago es desinstalar el juego, cuando me pregunta "¿Esta seguro de que desea desinstalarlo? ¿Si? ¿No?" me entraron ganas de decir "¡SI POR DIOS SIIII!".

Mi recomendación es que no se lo bajen, ni se lo instalen y menos aun, jueguen a este juego, porque no es un juego, es una trampa.

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21 Junio 2006

¡Necrópolis!

Escrito por Tazar Inglorion

Necrópolis ya está aquí. La ciudad flotante de los muertos ha llegado para hacer que nos vayamos todos por la pernera de pantalón.

¡Prepárense todos! Humanos, orcos, elfos y todas las razas de Azeroth, porque de esta amenaza no escapa nadie.

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21 Junio 2006

Carrera en el desierto

Escrito por Khondor Tharauman

La suave brisa marina hubiera hecho las delicias de cualquiera en la llegada del barco a Theramore. Pero entonces, ¿por qué no estaba disfrutando del viaje? No podía quitarme mi objetivo de la cabeza. La tortuga Yarei, el demonio familiar de Zardeth, estaba adormilada a mi lado. Era hora de retomar la persecución. Tenía que acabar con ese elfo antes de que fuera tarde. Había oído mi conversación con Tazar y no podía permitir que contara nada a nadie. Estaba absolutamente obsesionado.

En cuanto el barco atracó, bajé de un salto por la borda y corrí hasta el responsable de los grifos. El elfo no debía llevarme más que unas pocas horas de ventaja y el cuidador de los grifos debía acordarse de él y de su destino. Pero no. No recordaba ningún elfo en las últimas horas. Quedé perplejo por un momento.

Si no se había ido volando, entonces ¿qué había hecho? El destino del elfo era Darnassus pero había acabado en el barco erróneo para poder escapar de mí. Si ahora quería recuperar la ruta original, tenía que haber tomado un grifo, no tenía sentido que intentara recorrer una distancia tan enorme a pie o a caballo. ¿Acaso seguía en la ciudad?

Recorrí las calles pensando, pero atento a cualquier indicio. No podía tener una montura preparada en Theramore, ya que no era su intención venir hasta aquí. Si había alquilado o comprado una, alguien tenía que recordarlo. Tuve que efectuar bastantes preguntas y repartir algunas monedas entre los vendedores ambulantes que estaban por la zona para obtener la información que necesitaba. Un elfo había llegado en el barco anterior y había intentado conseguir un caballo, pero nadie se lo había querido alquilar o vender.

Uno de los guardias de la puerta de la ciudad me confeso, tras un pequeño soborno, que había visto al elfo salir caminando e internarse en el pantano. ¿Así que era eso lo que pretendía? En lugar de tomar el camino obvio, un grifo a Darnassus, se había internado en el pantano con la intención de hacerme perder su rastro. De hecho, sería prácticamente imposible seguir ningún rastro en el pantano.

Pero si no podía seguir su rastro, tendría que anticiparme a su jugada. No le quedaban demasiadas opciones. Al este estaba el mar, mientras que al norte y al oeste estaban los territorios dominados por la Horda. Si intentaba cruzarlos para llegar a Darnassus tardaría días en llegar a una zona menos hostil. Si es que llegaba. Pero el elfo no era un guerrero; si no se había enfrentado a mí tampoco lo intentaría con los orcos.

Otra opción posible es que abandonara el pantano en dirección sur, hacia el cañón de las Mil Agujas, pero esa zona también estaba controlada por la Horda… a no ser… Gadgetzan, la ciudad goblin, estaba relativamente cerca y era una zona neutral. Quizá se dirigía hacia allí. Era una opción tan buena como cualquier otra, así que me dispuse a probar. Introduje la tortuga en la caja que tenía en la mochila, donde solía descansar durante los viajes, y me puse en camino.

Atravesé el pantano siguiendo la desdibujada carretera de Theramore y crucé las montañas para luego tomar rumbo sur. Tras una larga caminata llegué a la entrada del cañón, un puesto de guardia vigilado por dos tauren que cometieron el error de atacarme. No eran rivales para mí. Sus familias lamentarán la pérdida.

Afortunadamente, el agreste cañón y las numerosas agujas rocosas proporcionaban una buena cobertura frente a los guardias de la Horda, así que pude cruzarlo sin problemas hasta llegar a los comienzos del desierto en el que se encuentra Gadgetzan. Pero poco antes de llegar a la ciudad había un pequeño puesto de avanzada.

Los goblins y los gnomos convivían en este lugar. Había varias tiendas y unas gradas junto a lo que parecía una pista de carreras. Y allí se encontraban dos vehículos, uno goblin y otro gnomo, dispuestos a comenzar una carrera. Se respiraba un ambiente de tensión debido a lo altamente competitivas que eran cada una de estas razas con respecto a la otra a la hora de demostrar sus capacidades como ingenieros.

Ingenieros. Una idea se abrió paso en mi mente. En algún momento yo experimenté una cierta pasión por la ingeniería. ¿Qué había pasado? Ya sólo podía pensar en el elfo, en acabar con él para que no se entrometiera en nuestros planes. ¿Nuestros planes? ¿Había yo decidido algo acerca de estos planes? ¿Qué estaba haciendo aquí, de hecho, buscando a un elfo al que no conocía para matarlo? Un fuerte estampido interrumpió mis pensamientos cuando los vehículos comenzaron la carrera.

No podía seguir perdiendo el tiempo, tenía que continuar hacia Gadgetzan, así que seguí mi ruta hacia el sur, con la sensación de haber perdido el hilo de mis razonamientos. ¿En qué estaba pensando? No debía ser importante… continúe corriendo por el desierto hasta que mis sentidos se vieron atraídos por un cráter humeante. Me acerqué y, dentro de él, encontré los restos de uno de los bólidos de carreras. Al parecer, la ingeniería tenía sus peligros. El piloto debía haber muerto en el acto en una explosión y sus restos calcinados estaban entre los hierros retorcidos del armazón destrozado. Sin duda habían cometido un error en las proporciones del combustible que…

Ingeniería, eso era lo que estaba pensando antes. Me preguntaba por qué estaba tan obsesionado con la persecución. Nunca antes me había obsesionado tanto con un objetivo. Incluso había prescindido de recompensas importantes como la de VanCleef porque obtenerlas era demasiado problemático. ¿Por qué ahora me tomaba tantas molestias en alcanzar al elfo?

Me estaba empezando a doler la cabeza y me costaba centrar mis pensamientos. Debía seguir hacia el sur y encontrar al elfo. Ese era el objetivo primordial ahora. Comencé a correr hacia el sur, hacia el paso de montaña de Gadgetzan. La carrera me impedía pensar demasiado en el tema. Poco a poco, las dudas se fueron diluyendo una vez más y sólo quedó mi presa.

Alcancé el final del paso de montaña completamente exhausto, pero tenía Gadgetzan a la vista. El puesto de vuelo de las mantícoras de la Horda se encontraba al lado de los muros de la ciudad. En el extremo opuesto estaba el puesto de grifos. Me adentré en la populosa ciudad y me dirigí a la posada. Pero un movimiento me detuvo. Era la tortuga; o quizá sería más preciso decir el demonio. Se las había arreglado para salir de la caja y lanzarse de la mochila al suelo. La seguí con la mirada, hasta una pequeña tienda de gnomos y allí lo vi.

El elfo estaba hablando con ellos. Sus ropas estaban manchadas de ceniza. Sin duda había intentado socorrer a la víctima del accidente. ¿Por qué yo no había intentado nada? Quizá había más supervivientes en las cercanías. Hubo un tiempo en el que llamaba amigos a los gnomos… el demonio clavó su mirada en mí a través de los ojos de la tortuga, una mirada ardiente… mis manos desenvainaron las espadas y me lancé a correr hacia el elfo.

Apenas a unos metros de distancia, un par de guardias goblin se interpusieron en mi camino con sus armas preparadas. No iban a permitir altercados dentro de la ciudad. Se montó un pequeño revuelo que llamó la atención del elfo y, una vez más, cruzamos nuestras miradas. Había pánico en sus ojos. Se dio la vuelta y corrió hacia la salida de la ciudad, justo donde estaba puesto de los grifos.

Me acerqué caminando con tranquilidad mientras el grifo del elfo despegaba rumbo al norte. Sabía hacia donde se dirigía y una siniestra alegría empezaba a colmarme. Como quien no quiere la cosa, pregunte a uno de los guardias goblin del puesto hacia dónde se había salido el último grifo, sólo para confirmarlo. Pero estaba a punto de terminar el trabajo. Se habían acabado sus engaños y sus tretas. Estaba desesperado y se dirigía directamente a Darnassus. Pero esta vez sólo tenía unos minutos de ventaja. Era mío.

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15 Junio 2006

Blizzard quiere captar jugadores

Parece que Blizzard ha decidido permitir la llegada masiva de posibles jugadores al WoW... Hasta hace poco, si alguien quería probar el juego dependía de conocer a alguien que ya jugara para que le pasara una cuenta de invitado de 10 días. Y que no hubiera quemado la invitación, claro.

Sin embargo, Blizzard ha habilitado la posibilidad de crear una cuenta de invitado de 10 días para todo el mundo. Así, el que quiera probar el juego, puede hacerlo sin más.

Antes de lanzarse alegremente a probarlo yo recomendaría tener estos puntos en cuenta.

  • El juego está en inglés. Totalmente en inglés, y no estará en español hasta finales de año, por lo menos.
  • El juego tiene una cuota fija de 13 € al mes, y además tienes que pagar el juego en tienda, claro (no sé cuánto saldrá ahora, pero supongo que sobre los 30 €).
  • Aunque no vayas a seguir jugando tienes que poner el número de tu tarjeta de crédito. Esto puede echar para atrás a mucha gente, porque, ¿para qué lo piden si es una versión de prueba? Eso solo lo sabe Blizzard, pero es así, por lo que avisados quedan.

No es que quiera espantar a la gente, ni mucho menos, pero es conveniente no perder de vista esos detalles, para luego no llevarse sorpresas desagradables.

Hay otra cosa que me preocupa: el impacto que tendrá la llegada masiva de jugadores a los servidores de WoW. La última vez que pasó algo parecido, con una versión de prueba de 15 días que venía con la revista Micromanía, se saturaron completamente los servidores tradicionales en los que juegan los hispanoparlantes, sobre todo Spinebreaker. No sé si Blizzard habrá tenido en cuenta la sobrecarga que supondrá miles de nuevos jugadores probando el juego, muchos de los cuales se quedarán después. A fin de cuentas ya somos seis millones de jugadores en todo el mundo.

En cualquier caso, el mundo de Warcraft te espera.

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13 Junio 2006

WoW como inspiración para juegos de rol de lápiz y papel

Escrito por Slishbromfurkonfeldtrimtrig Loosenut

Echando un vistazo a FrankenRol, un blog que tengo «en cuarentena» (es decir, lo miro de cuando en cuando a ver si pasa a formar parte de mis lecturas fijas), he llegado a un artículo titulado «Nueve lecciones que los masters NO deberían aprender del World of Warcraft». Se refiere a cosas que un DJ en un juego de rol «de lápiz y papel» no debería usar como inspiración.

Este artículo surge como reflexión sobre otro totalmente opuesto titulado «Nine lessons GMs can learn from World of Warcraft».

Hombre, yo he jugado a JdR tradicionales en mis tiempos (no mucho, a «Dungeons & Dragons» y a «La llamada de Cthulhu»), y para mí los JdR se parecen al WoW lo que un huevo de troll a una castaña de elfo.

Los JdR de lápiz y papel tienen un fuerte componente de trama, de coherencia en la línea argumental. Tienes que presentar a tus PNJ de una forma sólida, no como simples espantajos a los que meterles cuatro guantazos para conseguir un objeto interesante. Pero vamos, ya les he dicho en otras ocasiones que el WoW, como casi cualquier MMORPG, no puede considerarse un auténtico juego de rol en el sentido tradicional de la plabra.

Echen un vistazo a ambos artículos. Presentan puntos de vista interesantes.

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9 Junio 2006

Hijo de los desheredados

Escrito por Rhadamanthys Wyvernpride

Los orgullosos guerreros orcos del Clan Circonio eran unos poderosos representantes de las fuerzas de la Horda hasta que fueron derrotados por los humanos durante la Segunda Guerra. Los humanos. No se limitaron a desarmar a mi gente y encerrarla en campos de internamiento. Uno de los responsables del campamento incluso robó nuestro estandarte y usurpó el nombre de mi clan. Así fue como mis padres me contaron la historia.

Los humanos. Toman lo que quieren y desechan lo que no les interesa. La humillación fue tan grande que mi gente no hizo el más mínimo intento por escapar. Preferían permanecer encerrados y resignarse a su suerte que enfrentarse a la realidad. Allí pase mi niñez, encerrado en una prisión de las montañas Alterac. Mis padres murieron de tristeza, junto con muchos otros orcos, a medida que transcurrieron los años. Sin identidad, sin pertenecer a ningún clan, no tenía ningún objetivo en la vida más que esperar el final.

Cuando Thrall liberó a los orcos de la esclavitud, yo era demasiado joven para unirme a los guerreros que combatieron a la Legión Ardiente. Fui dejado atrás y permanecí lejos del frente, junto a los ancianos y a los niños, durante la gran batalla del monte Hyjal. Y en esa batalla vencimos. Los orcos se liberaron por fin de la influencia de los demonios.

Al llegar el momento de construir un nuevo mundo para nosotros permanecí junto a los ancianos, quienes habían llegado a convertirse en una figura paterna para muchos de nosotros, los más jóvenes. En las montañas Stonetalon, cerca de los nidos de los Wyverns, mis ancianos compañeros comenzaron a trabajar en recuperar la herencia que la Legión Ardiente nos había robado. Con la ayuda de los nobles tauren, los ancianos estudiaron los poderes de los elementos y llegaron a convertirse en sabios shamanes.

Conviviendo durante años, nos fuimos convirtiendo poco a poco en una familia, y los tauren empezaron a llamarnos el clan del Wyvern, nombre que adoptamos con orgullo. Pero la edad acabó venciendo a nuestros ancianos shamanes y, poco a poco, fueron dejando este mundo. Cuando alcancé por fin la madurez suficiente como para comenzar mis estudios, y con la bendición de los ancianos supervivientes, viajé a la recientemente fundada nación orca de Durotar para formarme como shaman junto a los guerreros de Thrall.

Mi nombre es Rhadamanthys y soy un hijo del clan Wyvernpride, el Orgullo del Wyvern. La vida de un aprendiz de shaman es dura, pero me esforzaré con todo mi ser para honrar a mis ancianos y defender a la Horda. No volveremos a ser esclavos de nadie.

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