La Coctelera

Legends of Circonio

Antiguo Clan del World of Warcraft en el servidor Argent Dawn

1 Julio 2006

Resurrección

Escrito por Babylon Straczynski

Gris. La muerte era gris. Hasta donde alcanzaba la vista no había nada de color. Sólo blanco y negro. Y gris. El mago siguió avanzando hacia una montaña, en dirección al pequeño altar que sabía que se encontraba justo detrás. Habían pasado meses, muchos meses de investigación, pero lo había conseguido.

No era la primera vez que estaba muerto. La vez anterior era un simple campesino que había perecido víctima de una plaga. Pero había regresado al mundo como un no-muerto y se había iniciado en los misterios de la magia. Si ese maldito enano cazador no le hubiera disparado por la espalda, ahora sería un mago de gran poder y renombre. Pero le había cogido desprevenido y aquí estaba otra vez: muerto.

Aunque no sería por mucho tiempo. Estaba convencido de que sería capaz de regresar a la vida una vez más, reproduciendo parcialmente el efecto de la plaga de los no-muertos. Pero dado que su poder era muy inferior al del Rey Lych necesitaba un nexo de unión entre los dos planos para potenciar el hechizo. Aquí es donde entraba en juego el altar, erigido en honor de los muertos de una gran batalla en los tiempos antiguos. La vida y la muerte se entremezclaban en ese lugar y el velo que las separaba era más frágil.

Al girar el último recodo del camino vio el altar. La impaciencia hubiera amenazado con ahogarle si hubiera tenido pulmones con los que respirar. Pero estaba muerto. Como también lo estaban los dos contendientes que batallaban junto al altar. Un enano (otro de esos malditos enanos) y un tauren luchaban en un combate sin final. Estúpidos. ¿Qué pretendían? Estaban muertos, ninguno de los dos podía vencer. El antagonismo entre Horda y Alianza no tenía sentido en ese lugar.

Si hubiera estado vivo es posible que el mago hubiera atacado a los desprevenidos guerreros por la espalda para eliminar la molestia. Pero eso no tenía sentido. No podía matar a los muertos y acabaría inmerso en un combate eterno. En lugar de eso se acercó todo lo que pudo sin que lo vieran y, cuando estuvo lo bastante cerca, los congeló en un bloque de hielo. Hielo gris. No tardarían en zafarse de esa prisión, pero había ganado suficiente tiempo para realizar el hechizo. Cuando salieran del hielo el ya se habría marchado.

El mago depositó ambas manos sobre el altar y comenzó a salmodiar. La cadencia del canto fue aumentando a medida que sentía como el poder chisporroteaba a su alrededor. Estaba a punto de conseguirlo. Sólo tenía que enfocar la mente… pero había demasiado poder. El nexo entre los planos era extraordinariamente poderoso. Más de lo que había calculado. Las energías liberadas amenazaban con despedazar su ser… sólo un poco más… sólo un poco…

La fulgurante detonación fue visible desde kilómetros de distancia. Al desvanecerse el brillo ya sólo quedaba el altar y la montaña. No había nadie allí. Solo era un enorme paisaje vacío. Gris.

Zuus, el paladín enano, despertó en medio de los pantanos de Kalimdor. No recordaba qué estaba haciendo allí ni cómo había llegado, pero el hecho es que estaba allí. Vivo. Poco a poco fue reconociendo la zona y recordó que la ciudad de Theramore estaba cerca. La posada sería un buen lugar para centrar sus ideas y tomar un par de jarras de cerveza.

El gentío que abarrotaba las puertas del banco de Orgrimmar estaba tan enfrascado en sus asuntos que no reparó en el tauren que se levantaba de un rincón en el que no había absolutamente nada un momento antes. Mugraul el druida meneó la cabeza intentando aclarar su mente. ¿En qué momento se había quedado dormido? Perplejo, revisó su mochila y encontró unas cuantas pieles curtidas de gran calidad. Su venta le proporcionaría suficiente dinero para pagarse una buena comida. Estaba hambriento.

El viento helado ululaba sobre las llanuras de Winterspring. Tenía frío. Sentía el frío. Eso quería decir que lo había conseguido. Había vuelto a la vida. Se miró las manos esperanzado, pero la alegría que sentía desapareció bruscamente. No estaba muerto, pero tampoco estaba exactamente vivo. Seguía siendo un no-muerto. El mago mantuvo la vista fija en el horizonte durante mucho tiempo, sintiendo la mayor de las decepciones en el fondo de su alma.

Al atardecer, un yeti surgió de entre los árboles, en busca de algo de caza. Lo último que vio en su vida fue la enorme bola de fuego que se dirigía hacia él. Babylon, el mago no-muerto, pasó junto a los restos carbonizados y caminó a paso vivo hacia la cercana ciudad goblin de Everlook. Al menos no había perdido su poder. Quizá había otra forma de recuperar su humanidad perdida. Quizá.

servido por circonio 3 comentarios compártelo

3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

martin

martin dijo

algo entrenido peor es nada analisando y coicidencias con fredi

1 Julio 2006 | 03:03 AM

Babylon

Babylon dijo

No aspires a comprender el arcano lenguaje de la magia y la brujería.

1 Julio 2006 | 01:41 PM

Escribe tu comentario


Sobre mí

Avatar de circonio

Legends of Circonio

ver perfil »
contacto »
Alianza:
  • Ya nadie...
Horda:
  • Nadie tampoco...

Suscripción por correo


Un servicio de RSSFwd

Fotos

circonio todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera