Escrito por Khondor Tharauman
Mi presa era un elfo nocturno. Uno que sabía demasiado. Debía tener una montura esperándole cuando huyó de la posada de Darkshire, dado que ya no estaba cuando salí a por él. Pronto encontré las ligeras huellas de uno de esos felinos de dientes de sable. El gato corría con tanta ligereza que sólo un rastreado avezado hubiera podido encontrar la pista. Para su desgracia, tantos meses de cazar gnolls habían aguzado mis sentidos.
El rastro llevaba hacia el norte y hacia allí me encaminé. Cruzando el bosque, el elfo había llegado hasta el río que separa los bosques de Duskwood y Elwynn. Era listo. Tardé horas en recuperar el rastro al otro lado del río. Por suerte, estos gatos no son muy amantes del agua, así que el punto del otro lado del río donde había regresado a tierra no estaba demasiado lejos. Si se hubiera dedicado a nadar en el río varios kilómetros, sin duda lo habría perdido.
Pero ahora me llevaba varias horas de ventaja. Su rastro seguía yendo hacia el norte y deduje que se dirigía hacia la ciudad de Stormwind, dado que no había manera de cruzar las cordilleras del norte del bosque. En la ciudad volví a perder el rastro, pero no importaba. Allí tenía otros recursos. Haciendo uso de mis contactos en la guardia de la ciudad descubrí que un elfo había cruzado el barrio comerciante a toda prisa, rumbo al distrito enano.
El siguiente paso estaba claro: iba a tomar el tranvía de los gnomos para dirigirse a la ciudad enana de Ironforge. Pero no cometería el error de seguirle. La única manera de alcanzarle era siendo más listo que él. El elfo debía estar dirigiéndose al puerto de Menethil, para tomar un barco y regresar a Darnassus. Iba a encontrarse con sus patrones druidas. Y no podía permitirlo. Alquilar un grifo hacia Menethil saldría bastante caro, pero no sólo me permitiría recuperar la ventaja, sino que también podría llegar antes que él.
Obligué al grifo a volar a un ritmo infernal, sin descanso. Y la montura pagó el precio. Exhausto, se vio obligado a aterrizar a varios kilómetros de Menethil. Pero había valido la pena, ya que ahora le llevaba bastante ventaja al elfo. Emprendí la marcha para completar el camino, abandonando el grifo a su suerte, cuando algo llamó mi atención. Una excavación.
El trabajo era, indudablemente, obra de enanos. Un trabajo majestuoso. Pero no se veía ni un solo trabajador en todo el lugar. Deambulé un tanto hasta que encontré un pequeño rastro de sangre que me llevó a un enano moribundo. Me acerqué a él y, entre jadeos, me explicó que estaban buscando artefactos de los titanes hasta que fueron atacados por unos raptores. Con su último estertor, me pidió que recuperara una tablilla que habían dejado en la parte norte de la excavación.
Una tablilla de los titanes. El potencial de ese descubrimiento era inmenso. Los titanes eran unas entidades poderosas que, según la mitología, habían dado forma al mundo. Si acaso una pequeña fracción de ese poder estaba a mi alcance…
Abandoné el cadáver del enano y me deslicé por la excavación. Me movía con todo el sigilo posible para no atraer la atención de los raptores que quedaban por la zona. Algunos de ellos se estaban dando un dantesco festín con los cadáveres de otros enanos, lo que los mantenía distraídos. Continué avanzando hasta el norte cuando vi al raptor más grande de todos.
Era una enorme bestia azul, más alta que yo. Pero no tenía ojos para él. Toda mi atención estaba centrada en los trozos de piedra que había a su alrededor. La tablilla. Esa inmunda bestia había destrozado la tablilla en una reyerta contra otro macho de la especie, que yacía destripado entre los restos.
Tuve que hacer un esfuerzo supremo para no gritar de frustración y atraer a todos los raptores de la zona. Tanto conocimiento perdido. Pero eso no iba a salvar a la alimaña de mi justa venganza. Cargué contra él y clavé mis dos armas en su pecho. El animal sólo alcanzó a mirarme atónito antes de derrumbarse. Arranqué mis armas de su cuerpo y volví a golpearle, una y otra vez. No recuerdo durante cuanto tiempo continúe golpeando al raptor sin vida, pero quedó poca cosa reconocible.
Me había dejado llevar por la ira. Y podía pagar un precio muy grave por ello. El elfo podría estar llegando a Menethil en ese momento y yo estaba perdiendo el tiempo. Escalé un pequeño pico y conseguí salir de la excavación sin tener que volver a cruzar por donde estaban los otros raptores. Corrí hacia Menethil todo lo rápido que mis pies podían llevarme, reforzado por los restos de cólera que todavía sentía.
Mi rabia se reavivó cuando llegué al puerto y vi al elfo dirigiéndose a los muelles. Me había vuelto a adelantar. El maldito elfo me había vuelto a adelantar. Sin embargo, cuando miré al muelle, comprobé que el barco que partía hacia su destino no estaba en el muelle. Había tenido suerte. El elfo no tenía escapatoria.
El arrogante elfo esperaba tranquilamente en el muelle, pescando, haciendo tiempo hasta que llegara el barco. Ni siquiera había tenido la decencia de estar nervioso. Pagaría por ello. Me acerqué disimuladamente para evitar a los guardias del puerto, con el objetivo de apuñalarlo por la espalda. Pero no tuve en cuenta los agudos sentidos del elfo.
De repente se dio la vuelta y me miró. Permanecimos uno frente al otro durante un par de segundos. Por un momento pensé que desenfundaría su arma y afrontaría su destino. Degusté la lucha que iba a tener lugar en ese mismo momento. Pero parece que el elfo no estaba por la labor, ya que arrojó su caña contra mí y huyó por el muelle.
El barco todavía no había llegado, así que no podría huir. Me reí del patético intento de fuga durante un instante, hasta que comprendí mi error. Había otro barco en el muelle. Maldito elfo. Me lancé a la carrera pero era demasiado tarde, el barco ya había levado anclas y se alejaba del muelle. El elfo saltó en el último momento y consiguió subir a bordo. Yo no tuve tanta suerte. Mil veces malito sea.
Enrabietado, agarré a un marinero por la pechera de la túnica y le pregunté a dónde se dirigía el barco. Al puerto de Theramore. Al menos sabía a donde iba. Zarparía otro barco hacia Theramore en pocas horas. Y entonces vuelta a empezar. Ese maldito elfo no sabía con quien andaba jugando.

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