Escrito por Khondor Tharauman
Acababa de regresar a Stormwind para consultar a un conocido adiestrador de guerreros cuando me enteré de que se estaba celebrando la Semana de los Niños. En un mundo repleto de violencia como el nuestro, muchos niños quedan huérfanos prematuramente. Los orfanatos de la ciudad suelen dedicar una semana al año a organizar distintas actividades para entretener a los niños y supongo que también para concienciarnos a los demás de este problema.
Mis pasos me condujeron a la Plaza de la Catedral, donde se encuentra uno de los orfanatos, y pude comprobar el alegre bullicio que allí había. Yo ya era mayor que muchos de estos niños cuando quedé huérfano, pero eso no significa que viviera una infancia normal. Tuve que afrontar las penalidades de la guerra y esperar en la retaguardia cada vez que mi padre y sus compañeros entraban en combate. Al ver jugar a los niños, sentí nostalgia por algo que nunca tuve. Resulta irónico.
Una de las matronas se fijó en mí y probablemente detectó mi melancólico estado, porque se aproximó y empezó a atosigarme con todos los problemas que tenía el orfanato y con los pobres niños que nunca salían de la ciudad debido a la inseguridad de los caminos. Al rato se nos aproximó un chaval rubio de nombre Daniee que empezó a mirarme con admiración. La matrona me explicó que Daniee quería ver qué había fuera de esos muros, me contó la triste historia de su familia, de la que no quedaba nadie que para acompañarle en un viaje, y finalmente me propuso que yo le acompañara en el viaje.
Mi primera reacción fue negativa, no tenía tiempo que perder en ese tipo de cosas, pero ella siguió presionándome y rogándome que acompañara al chico. Finalmente supongo que acepté porque me cogió en un momento de debilidad, pero no sabía lo mucho que lo iba a lamentar.
Tomé a Daniee y salimos de Stormwind. Nos dirigimos a un lugar cercano, a Westfall, donde le enseñé el viejo faro que vigila la costa. El chaval estaba muy emocionado con el viaje y se impresionó mucho al ver la inmensidad del océano. Yo por mi parte recordé a los murlocs que había masacrado en las proximidades, los mismos murlocs que habían provocado tantos y tantos naufragios. Aunque Daniee no se dio cuenta, nos vimos obligados a tener mucho cuidado, dado que los murlocs volvían a campar a sus anchas. Parecía que mis combates con ellos no habían tenido ninguna importancia dado lo rápido que se multiplicaban. Había ganado dinero al cumplir mi trabajo, pero los barcos seguían estando en peligro igual que antes.
Para evitar nuevos peligros, decidí tomar un grifo y dirigirme hacia los pantanos del norte. En nuestra ruta sobrevolamos la magnífica presa que los enanos fabricaron al norte del lago en Loch Modan. De nuevo Daniee disfrutó de lo lindo del viaje aéreo y se impresionó sobremanera ante la magnífica presa. Mientras tanto, yo no pude dejar de fijarme en que los ogros volvían a medrar a sus anchas en las proximidades del lago. A pesar del dinero que había ganado luchando como mercenario contra ellos, cualquier ilusión de haber ayudado a los habitantes del lugar era vana. Sencillamente, había demasiados ogros. Incluso es probable que el maldito Chok’sul siga ahí debajo, riéndose de mi.
Al llegar al puerto de Menethil, nos dispusimos a tomar un barco que cruzara el mar hasta Kalimdor y luego nos llevara a Darnassus, la capital de los elfos. La emoción de Daniee por internarse en el océano le impidió darse cuenta de mi pésimo humor. Poco antes de aterrizar había comprobado que las tribus de gnolls del pantano seguían dominando la zona. Por mucho esfuerzo que puse en acabar con ellos, habían vuelto a expandir su territorio en poco tiempo. Yo ganaba dinero a cambio de mi trabajo pero los que me pagaban no ganaban más que un breve respiro. Brevísimo diría yo.
La ciudad de los elfos nocturnos lucía tan magnífica como la recordaba. Algunos elfos me miraron con curiosidad al comprobar que lucía el emblema de Circonio sobre mi armadura. Daniee quedó especialmente encantado con el impresionante árbol con forma de oso que albergaba el banco de la ciudad. Yo no hacía más que pensar en los rumores acerca de los problemas que había en el bosque de Ashenvale con el floreciente asentamiento orco. Otra ocasión en la que mi esfuerzo había sido en balde. Había ganado dinero por una pequeña contribución puntual, no por hacer algo realmente determinante.
Finalmente, el niño se empeñó en conseguir un autógrafo de Jaina Proudmoore, gobernante de Theramor y la maga humana más poderosa de la actualidad. Tomamos un hipogrifo que nos llevara en el largo viaje hacia el sur. Daniee se quedó dormido mientras yo estudiaba Kalimdor desde las alturas. Gnolls, furbolgs corruptos, centauros, quillboars… todo estaba plagado de enemigos. El entorno ideal para que un mercenario se gane la vida, pero poco más. Ninguna hazaña heroica tendría demasiada repercusión. Siempre habría más enemigos a los que derrotar. El mundo era demasiado grande.
Una vez en Theramore resultó algo complicado convencer a los guardianes de la torre de que el niño quería un autógrafo de Jaina Proudmoore, pero decidieron permitirnos el paso debido a la celebración de la Semana de los Niños. Allí Jaina se mostró extraordinariamente amable con Daniee e incluso alabó el largo viaje que yo había hecho para acompañarlo.
Estuve muy tentado de preguntarle cómo podía levantarse por la mañana. Ella que había luchado contra Archimonde y la Legión Ardiente, cómo podía hacer frente a sus rutinarias obligaciones actuales. Cómo podía estar pendiente de las inacabables reyertas con los centauros o los orcos a sabiendas de que nunca terminarían, que cada día sería igual. Pero me mordí la lengua. Puede que en otra ocasión.
En un postrer gesto de amabilidad, Jaina Proudmoore creó un portal que nos permitiera teleportarnos a Stormwind una vez más. Regresé al orfanato con un Daniee pletórico de felicidad. Una felicidad que me recordó que yo no era feliz. Que nunca lo sería. La matrona se deshizo en agradecimientos que yo acepté enfurruñado y luego me marché. Con la cabeza baja, me dirigí a El Cordero Sacrificado, la posada donde había dejado mis cosas. Pero de repente, una pequeña mano me detuvo.
Era Daniee que venía a darme las gracias de nuevo. Le acompañaban varios amigos y entre todos habían traído una caja con varios animalillos. Los niños me dijeron que eran sus mascotas y que querían regalarme una de ellas. Yo sonreí por primera vez en mucho tiempo y me dispuse a rechazar la oferta. Pero entonces me fije en una tortuga que, con desgana, reposaba dentro de su caparazón. Tenía un aire de aburrimiento, de hastío por la vida que le tocaba vivir.
La tortuga me recordó mi propio estado de ánimo e inconscientemente aproximé mi mano hacia ella. Con una velocidad sorprendente, la tortuga sacó la cabeza de su caparazón y mordió mi mano con fuerza. A pesar de llevar mi guantelete de malla, sentí la presión. Una inconformista. Estaba harta de su vida pero no aceptaba que esto siguiera siendo así. La tome por el caparazón y le comuniqué a Daniee que me quedaba con ella.
Los niños rieron, se despidieron y volvieron al orfanato. Al ver alejarse tanto jolgorio, me di cuenta de que pensaban que había elegido la peor de las mascotas. Creo que se equivocaron. La tortuga parecía mirarme con sorna, como preguntándome qué íbamos a hacer ahora. Me di la vuelta y comencé a caminar nuevamente hacia la posada. Tras un momento de duda, la tortuga me siguió.
Las circunstancias hacen extraños compañeros. La tortuga me recordaría el inconformismo que debe regir en mi vida. Me había limitado a ganar el dinero justo para sobrevivir haciendo pequeños trabajos como mercenario, con la estúpida ilusión de que en el fondo también ayudaba a la gente. No ganaría respeto ni renombre haciendo ese tipo de trabajos puntuales. No debía seguir escondiéndome en el caparazón de la comodidad, en el fondo de la caja. Buscaría el poder necesario para cumplir el objetivo que había olvidado. Conseguiría que el mundo temblara ante el nombre de Khondor Tharauman.
La tortuga caminaba detrás de mi, con la cabeza alta. Me pareció ver inteligencia en sus ojos. Era como si se diera perfecta cuenta de que ya no era la mascota de un niño.

¿Daniee? ¿de que me suena ese nombre? ¿estas seguro de que solo te pidió, un autógrafo y un helado?....¿no te pidió ademas un par de con....?
Una caja entera me pidió... y celofán rosa...
¡JAAAAAAAJAJAJAJAJAJAAJ! Dios mío, cuanta referencia suelta, jijiji }:-) Por cierto, muy bueno lo del inconformismo y lo de no acabar más nunca ;)
como se hace lA MISION DEL HELADO Y DONDE
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Me encanto esa mision XD