Escrito por Tazar Inglorion

Feralas, un húmedo, tupido e inmenso bosque, una naturaleza salvaje que se había desarrollado de forma anárquica pero equilibrada y en la que habitaban criaturas míticas y extrañas.

Tazar llegó al emplazamiento élfico de Featrhermoon, situado en la isla de Sardor, muy cerca de la costa de Feralas, Tazar había viajado a este lugar para encontrar a Kylanna Windwhisper, la maestra de maestros de los alquimistas, nadie sabia mas de esta ciencia que ella y Tazar estaba ávido de adquirir sus conocimientos. Una vez finalizada la entrevista entre ambos, Tazar se quedó curioseando por el emplazamiento. Se detuvo a mirar los bosques que estaban al otro lado del estrecho y se animó a explorarlos.

- En los sitios mas inesperados se encuentran las cosas mas inesperadas- Se dijo a si mismo.

Mientras compraba algunos pertrechos para su viaje, un elfo le pregunto. – ¿Piensas explorar esos bosques, hermano?.

- Si, así es.- Le respondió Tazar.

- Pues debes tener cautela, el último que se atrevió a hacerlo no ha vuelto a aparecer y eso que era un explorador experto y conocía muy bien esta zona.

- ¿En serio?- Le preguntó Tazar cuya curiosidad iba en aumento.

- Si, hablaba de investigar algo extraño que sucedía en el bosque, por si le encuentras, que lo dudo, dile que le estamos esperando, se llama Raschal.

Tazar cruzó el estrecho en un barco que realizaba el recorrido entre la isla y la costa, nada mas tomar tierra monto a lomos de su felino y se adentró en el bosque, allí encontró todo tipo de criaturas, desde lobos a hipogrifos, pasando por yetis y árboles que se movían a voluntad.

Encontró un alto números de gnolls, seres de naturaleza violenta y que se organizaban en pequeñas tribus las cuales suelen habitar en los bosques y Feralas no iba a ser una excepción.

Con sus poderes, Tazar logró introducirse en la mente de los gnolls llegando a ver lo mismo que veían ellos, así, pudo explorar el campamento de estos seres sin el riesgo de adentrarse en el, con esta técnica consiguió encontrar algo que estaba fuera de lugar. Telepáticamente logro ver a través de los ojos de uno de los gnolls una bolsa de viaje élfica colgada de un árbol, ¿Qué hacían esos gnolls con aquella bolsa? ¿Pertenecería a Raschal?, ¿lo habrían matado los gnolls?. Tenia que hacerse con aquella bolsa si quería encontrar alguna respuesta a tanta pregunta.

Afortunadamente la bolsa no estaba fuertemente custodiada por los gnolls, apenas había un par de ellos a los que el elfo logró coger desprevenidos. Una vez se deshizo de esta amenaza se apoderó de la bolsa y examinó su contenido, dentro encontró varias cosas pero lo que atrajo su atención fue un pequeño cuaderno de notas, Tazar lo leyó y sin duda pertenecía a Raschal, en el cuaderno anotaba minuciosamente todo cuanto iba encontrando en sus exploraciones, leyó las ultimas páginas esperando encontrar alguna pista de su paradero, pero solo hablaba de unas extrañas criaturas que probablemente supondrían una amenaza para Feralas y que debía de investigar mas. Aquello no era suficiente, y por allí no había mas rastro Raschal que la bolsa que Tazar sostenía en sus manos y comenzó a pensar que quizás aquellos gnolls no le mataron, sino que alguno de ellos se encontró la bolsa en algún lugar y se la llevó a su campamento, pero, ¿en que lugar la encontró?.

Agarró con su mano el cuello de uno de los gnolls herido contra los que acababa de luchar y mostrándole la bolsa le preguntó.

- ¿Dónde?, ¿Dónde?...

El gnoll no entendía nada de lo que le decía, así que utilizando sus poderes comenzó a causarle un terror psicológico a aquella criatura. Aterrorizada, extendió su garra señalando en una dirección, hacia el sur. Tazar le soltó y siguió el camino que le había indicado.

No tuvo que andar mucho hasta que se encontró con algunos pequeños insectos que revoloteaban entorno a lo que parecía el acceso a una madriguera, una cúspide algo mas alta que Tazar, con una abertura en su cima, como un volcán que vomitaba millones de pequeñas criaturas. Siguió su camino y lo que encontró le pareció increíble. Una madriguera, pero con la extensión de una pequeña ciudad, el lugar estaba plagado de enormes insectos. La madriguera era un desmesurado foso que descendía en espiral construido con alguna sustancia cristalizada pero más dura que la piedra, mas tarde, Tazar se dio cuenta de que aquella sustancia la segregaban algunos de los insectos, al principio tenía una textura viscosa pero no tardaba en solidificarse, con ella no paraban de construir nuevas ramificaciones entorno a su cubil. Aquello hizo llegar a Tazar a la conclusión de que los insectos estaban bien organizados y se extendían cada vez más.

Necesitó todo su valor para atreverse a entrar en semejante lugar, descendió por la rampa en espiral, no sin encontrarse en su camino con alguno de estos insectos con los que tuvo que combatir ferozmente, eran rivales dignos a tener en cuenta y en alguna ocasión Tazar se vio con mas de un apuro para derrotarlos.

Al llegar al fondo del foso se encontró con una entrada a una galería escavada por aquellos laboriosos insectos, se adentró en ella encontrándose en su interior con mas insectos gigantes, algunos eran peligrosos monstruos voladores que producían un ensordecedor zumbido con sus alas y atacaban con una envenenado aguijón, otros eran unos duros insectos de 6 patas que arremetían con gran velocidad y fuerza.

Finalmente, llegó a una cámara circular y en medio de ella, había un elfo atrapado en aquella misteriosa sustancia, estaba vivo, a pesar de que apenas podía moverse. Tazar sacó su estava y con ella empezó a romper la extraña prisión, mientras lo hacia el elfo prisionero le agradecía lo que estaba haciendo por él.

- Gracias hermano, ya me había resignado a morir aquí. Me llamo Raschal y soy explorador, estaba investigando la repentina aparición de estos insectos cuando dos ellos me atacaron, al despertar estaba como tu me has encontrado ahora.

- Casualmente estaba siguiendo tu pista, pero ya te contare toda la historia cuando salgamos de aquí.

- Yo también tengo mucho que contarte, de hecho, es importante informar en Darnassus de lo que esta sucediendo aquí, esto es terrible, demasiado terrible…

Tazar pensó que el Raschal estaba demasiado nervioso y quizás sus palabras eran exageradas, pero no era así, era mucho peor de lo que podía imaginar.

Tras escapar sanos y salvos ambos elfos del insectívoro infierno, Raschal comenzó a contarle todo cuando había descubierto. Todo tenia su origen hace muchísimo tiempo, cuando el mundo era joven y Azeroth estaba dominado por 5 dioses, que campaban a sus anchas por el mundo haciendo con él lo que les apetecía. Pero la madre naturaleza se reveló y creo a los titanes elementales, que lucharón contra los dioses y los derrotaron, pero uno de esos dioses huyó a esconderse a un lugar llamado Silithus, ese dios descubrió que el lugar estaba habitado por unas criaturas muy primarias, unos insectos en los que encontró unos fieles siervos si era capaz de moldearlos y transformarlos para su interés, y así lo hizo, consiguió construirse su propio imperio, su imperio de insectos, pero todavía faltaba mucho para aglutinar el poder necesario para reclamar lo que consideraba suyo, así que ese dios decidió dormir un sueño que duraría eones hasta que llegara ese momento, mientras su imperio iba creciendo por si solo.

La aparición de esos insectos podía indicar que ese día había llegado, y de ser así, no solo Feralas estaría en peligro, también todo el mundo de Azeroth.