Pertenecer a algo
Escrito por Khondor Tharauman
Me llamó la atención el pequeño sobre que llego a mi nombre a la posada de Astranaar. ProvenÃa de Tazar, el sacerdote elfo nocturno que suele proporcionarme las pociones curativas que tantas veces me han salvado la vida. Sin embargo, estaba claro que esta vez no me enviaba pociones. Abrà el sobre y estudié el contenido de la nota que encontré en su interior.
Al parecer, Tazar habÃa hablado con Telperiën, el druida junto al que me habÃa enfrentado a los ogros de Loch Modan, y habÃan comentado nuestra aventura. Según decÃa la nota, les habÃa resultado especialmente interesante lo bien que se habÃan combinado mis habilidades de guerrero con los poderes curativos de Telperiën. Debido a este motivo, me escribÃa para proponerme algo.
Circonio era una sociedad de elfos nocturnos compuesta mayoritariamente por druidas y sacerdotes con poderes curativos. Sin embargo, no disponÃan de un verdadero especialista en combate cuerpo a cuerpo que pudiera complementar sus poderes curativos en el desarrollo de determinadas misiones. Por lo tanto, me ofrecÃan entrar a formar parte de su sociedad, lo que redundarÃa en un beneficio mutuo.
Tomé un hipogrifo para acudir a Darnassus, la capital de los elfos nocturnos, y empleé el tiempo de vuelo para reflexionar sobre el asunto. Sin duda era una oferta interesante. Mi trabajo como mercenario serÃa un tanto menos peligroso si pudiera contar regularmente con el respaldo de druidas o sacerdotes elfos. Por otro lado, supuse que ellos contarÃan conmigo para que colaborara en determinados asuntos. Y también supuse que esta colaboración implicarÃa que yo me llevarÃa los golpes de los enemigos mientras ellos atacarÃan desde la distancia y me protegerÃan con sus poderes curativos.
De todas formas, no estoy seguro de si fue el mutuo beneficio lo que me llevó a aceptar su oferta. Quizá, en el fondo de mi ser, fue el ansia que todo ser humano siente por pertenecer a algo. Durante mi niñez acompañaba a mi padre en sus correrÃas y formaba parte de su grupo de guerreros. Ahora me encontraba solo. Puede que inconscientemente, detrás de mi fachada de duro mercenario, esté buscando algo de compañÃa. En cualquier caso, no tenÃa nada que perder, serÃa una situación nueva e interesante.
En Darnassus acudà al registro oficial de la ciudad, que era el organismo que controlaba las distintas sociedades existentes entre los elfos nocturnos. Pude comprobar que mi ingresó en Circonio habÃa sido aprobado por una druida elfo nocturno llamada Zelog. Tazar me habÃa hablado de esta figura casi mÃtica. Era la dirigente de la sociedad, pero poco se sabÃa de ella y poca gente la habÃa visto en realidad. Me pregunto si algún dÃa alcanzaré un nivel de experiencia suficientemente alto como para que Zelog decida hacer uso de mis servicios en alguno de los asuntos en los que se vea envuelta.

Finalmente, me entregaron el sÃmbolo de nuestra sociedad por el desorbitado precio de una moneda de oro. Valorar tanto un sÃmbolo indica que los elfos nocturnos tienen un gran respeto y aprecio por este tipo de sociedades, o bien que son unos hábiles comerciantes. Se trataba de un tabardo, una prenda de ropa negra, con bordes blancos, que coloqué sobre mi armadura. En el centro, la detallada imagen de la garra de un ave. Ya pertenecÃa a algo.
