La Coctelera

Legends of Circonio

Antiguo Clan del World of Warcraft en el servidor Argent Dawn

8 Mayo 2006

Pertenecer a algo

Escrito por Khondor Tharauman

Me llamó la atención el pequeño sobre que llego a mi nombre a la posada de Astranaar. Provenía de Tazar, el sacerdote elfo nocturno que suele proporcionarme las pociones curativas que tantas veces me han salvado la vida. Sin embargo, estaba claro que esta vez no me enviaba pociones. Abrí el sobre y estudié el contenido de la nota que encontré en su interior.

Al parecer, Tazar había hablado con Telperiën, el druida junto al que me había enfrentado a los ogros de Loch Modan, y habían comentado nuestra aventura. Según decía la nota, les había resultado especialmente interesante lo bien que se habían combinado mis habilidades de guerrero con los poderes curativos de Telperiën. Debido a este motivo, me escribía para proponerme algo.

Circonio era una sociedad de elfos nocturnos compuesta mayoritariamente por druidas y sacerdotes con poderes curativos. Sin embargo, no disponían de un verdadero especialista en combate cuerpo a cuerpo que pudiera complementar sus poderes curativos en el desarrollo de determinadas misiones. Por lo tanto, me ofrecían entrar a formar parte de su sociedad, lo que redundaría en un beneficio mutuo.

Tomé un hipogrifo para acudir a Darnassus, la capital de los elfos nocturnos, y empleé el tiempo de vuelo para reflexionar sobre el asunto. Sin duda era una oferta interesante. Mi trabajo como mercenario sería un tanto menos peligroso si pudiera contar regularmente con el respaldo de druidas o sacerdotes elfos. Por otro lado, supuse que ellos contarían conmigo para que colaborara en determinados asuntos. Y también supuse que esta colaboración implicaría que yo me llevaría los golpes de los enemigos mientras ellos atacarían desde la distancia y me protegerían con sus poderes curativos.

De todas formas, no estoy seguro de si fue el mutuo beneficio lo que me llevó a aceptar su oferta. Quizá, en el fondo de mi ser, fue el ansia que todo ser humano siente por pertenecer a algo. Durante mi niñez acompañaba a mi padre en sus correrías y formaba parte de su grupo de guerreros. Ahora me encontraba solo. Puede que inconscientemente, detrás de mi fachada de duro mercenario, esté buscando algo de compañía. En cualquier caso, no tenía nada que perder, sería una situación nueva e interesante.

En Darnassus acudí al registro oficial de la ciudad, que era el organismo que controlaba las distintas sociedades existentes entre los elfos nocturnos. Pude comprobar que mi ingresó en Circonio había sido aprobado por una druida elfo nocturno llamada Zelog. Tazar me había hablado de esta figura casi mítica. Era la dirigente de la sociedad, pero poco se sabía de ella y poca gente la había visto en realidad. Me pregunto si algún día alcanzaré un nivel de experiencia suficientemente alto como para que Zelog decida hacer uso de mis servicios en alguno de los asuntos en los que se vea envuelta.

Finalmente, me entregaron el símbolo de nuestra sociedad por el desorbitado precio de una moneda de oro. Valorar tanto un símbolo indica que los elfos nocturnos tienen un gran respeto y aprecio por este tipo de sociedades, o bien que son unos hábiles comerciantes. Se trataba de un tabardo, una prenda de ropa negra, con bordes blancos, que coloqué sobre mi armadura. En el centro, la detallada imagen de la garra de un ave. Ya pertenecía a algo.

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