Escrito por Slishbromfurkonfeldtrimtrig Loosenut

¡Por fin! Mi primera misión seria.

Harto como estoy de las veleidades de los enanos, el primer encargo del maestro Gakin Darkbinder no pudo ser más bienvenido. El hecho de que se tratara de un asesinato no tenía la menor importancia, en realidad.

El maestro Gakin me encargó que recuperara una gargantilla hecha con piedras de sangre que una antigua discípula suya, Surena Caledon, había robado antes de marcharse de Stormwind. Podría encontrar a Surena en la plantación de calabazas de Brackwell, lugar en el que campaban a sus respetos los miembros de la hermandad Defias, una panda de malhechores de poca monta de la que Khondor me habló en cierta ocasión.

Sin embargo, siendo nuevo en estas tierras, no conocía el camino hacia la plantación, así que tuve que preguntar a una bruja gnoma que pululaba por la plaza del mercado para orientarme. Tendría que caminar un buen trecho hacia el sureste.

Según las indicaciones de un miembro de la guardia al que pregunté en Goldshire, tendría que caminar hacia el este hasta encontrar una torre, momento en el que tendría que torcer hasta el sur, encontrándome de frente con la finca.

Así era. Encontré la finca y me preparé para el combate.

La finca estaba plagada por aquellos indeseables de la hermandad Defias, pero como me había contado Khondor, en realidad no eran rivales para mí. Me encargué de matar sistematicamente a aquella gentuza sin el menor remordimiento, ayudado por Lazrin, mi imp.

En el fragor de la lucha me sucedió algo... interesante. Acababa de despachar a uno de aquellos idiotas cuando salió otro miembro de la hermandad de un corral cercano. Si pensármelo dos veces, absorbí su alma. Jamás había utilizado tal poder, pero me gustó.

Como recompensa obtuve una piedra-alma que contenía las esencias de aquel desgraciado. Continué encargándome de los miembros de la hermandad que encontraba hasta que tuve a la vista mi objetivo: Surena Caledon. Sin embargo, la muy cobarde no estaba sola. Se ocultaba en una cabaña, al pie de los terrenos, con dos guarda espaldas.

Entonces cometí un error. Creí que Surena sería presa fácil, así que me lancé en tromba a por ella, confiado en poder matarla y arrebatarle la gargantilla para entregársela al maestro Gakin.

Fui un iluso. Estuve a punto de morder el polvo. Por desgracia no calibré la fuerza de los dos matones que la acompañaban y que me hicieron huir con el rabo entre las piernas, hirviente mi sangre. Tres veces lo intenté y tres veces fui rechazado sin lograr mi objetivo.

Me dediqué a rondar por las inmediaciones, intentando descubrir la manera de atraer a Surena sin que me estorbaran los guardaespaldas, pero por desgracia no se despegaban de ella.

Estaba a punto de intentar otro ataque suicida cuando oi una voz de mujer detrás de mí.

¿Necesitas ayuda, hermano brujo?

Me di la vuelta inmediatamente, maldiciéndome por mi falta de atención, y me encontré con una hembra humana, que se presentó como Cenia. Me di cuenta de que era una bruja, aunque hubiese sido difícil no fijarse a la vista del imp que la acompañaba.

No tengo una opinión muy definida sobre los humanos. En general me parecen estúpidos, aunque reconozco que hay excepciones, como el guerrero Khondor. Sin embargo, esta bruja transmitía serenidad.

- «Qué diablos», me dije. «De acuerdo, hermana, necesito matar a Surena Caledon, una bruja renegada. Espero que eso no os cause ningún... problema.»

- «En absoluto, hermano, si estáis dispuesto...»

- «Adelante.»

Con la ayuda de Cenia logré acabar con Surena en un abrir y cerrar de ojos. Mientras ella y Lazrin se encargaban de los matones, yo arrancaba la gargantilla del cuello de Surena. Recordaré su mirada de terror mientras le arrancaba el alma lentamente...

Me despedí de Cenia, un tanto confuso acerca de mis opiniones sobre los humanos. Había encontrado mucha gente en Stormwind que despreciaba a los gnomos, pero también había encontrado gente que me había ayudado sin pedir nada a cambio. Curioso.

Finalmente llegué a la posada The Slaughtered Lamb, en el distrito de los magos de Stormwind, y entregué orgulloso la gargantilla al maestro Gakin. Su mirada complacida y su tono algo menos áspero de lo habitual fueron la mejor de las recompensas.

Estoy en camino. Lo sé.