La Coctelera

Legends of Circonio

Antiguo Clan del World of Warcraft en el servidor Argent Dawn

11 Abril 2006

Aprendiz de Ingeniero

Escrito por Khondor Tharauman

Las montañas que rodean la parte norte del bosque de Elwynn son ricas en vetas de cobre. También es frecuente encontrar cobre en los cerros que se encuentran distribuidos en el interior del propio bosque. Todo lo que hace falta es un minero dispuesto a recogerlo.

Durante un tiempo recorrí las estribaciones de estas montañas recolectando cobre y alguna que otra gema que aparecía de vez en cuando. Esto no siempre resultaba fácil, ya que las galerías de muchas de las minas de Elwynn tienden a estar infestadas de kobolds. Pero podemos pensar en los kobolds como en una fuente adicional de ingresos. Estos humanoides, más parecidos a ratas que a hombres, no son unos guerreros demasiado buenos así que, si tenía que masacrar a un grupo de kobolds para llegar hasta el preciado mineral, siempre podía aprovechar para mejorar mi reputación con la milicia de Stormwind y, de paso, obtener alguna gratificación por parte de los legítimos propietarios de las minas por despejar sus túneles de alimañas. Aunque, por supuesto, estos legítimos propietarios no tenían ni idea de que yo también había saqueado parcialmente sus reservas de cobre. Lo considero una gratificación adicional.

Para poder hacer un buen uso del mineral obtenido, era necesario fundirlo en la fragua de Goldshire. Durante un tiempo practiqué como herrero, fabricando algunas armas y armaduras, pero pronto me aburrí de ello. Hay poco misterio en el proceso de fabricación de una espada, a parte de que el mercado está tan saturado de armas y armaduras que resulta muy difícil ganar una cantidad sustancial de dinero con esta profesión.

La ingeniería había sido hasta ese momento poco más que una afición, una reminiscencia de mi juventud pasada entre enanos y gnomos. Pero las últimas semanas pasadas en continuo combate contra kobolds y bandidos habían ido despertando en mí la sensación de que la ingeniería podía tener aplicaciones más prácticas. Lo medité profundamente y tuve algunas conversaciones con gnomos sobre el tema, hasta que finalmente me decidí a intentarlo.

No había mejor sitio para convertirme en aprendiz de ingeniero que la ciudad enana de Ironforge, donde residen los supervivientes gnomos que huyeron de Gnomeregan durante la última gran guerra. Precisamente en mi viaje iba a contemplar la más prodigiosa obra de ingeniería de los gnomos. El viaje por tierra entre Stormwind e Ironforge es muy complicado. En medio se encuentran las Estepas Ardientes, repletas de dragones, ogros y monstruos en extremo poderosos. Todavía no me sentía preparado para afrontar retos tan grandes. Pero, a pesar de que el viaje no podía realizarse por tierra, sí que podía realizarse por debajo de ella.

Realmente no sé cuándo se realizó esta gran obra, pero los gnomos fabricaron un enorme túnel entre las dos ciudades y en ellas instalaron un tranvía. Este túnel de proporciones ciclópeas está recorrido por una red de raíles que permiten guiar las ruedas de unos trenes metálicos compuestos por varios vagones. La estación del tranvía de Stormwind se encuentra en el barrio de los enanos. Acudí allí y, tras un cómodo viaje, llegué precisamente al lugar que más me interesaba: el distrito gnomo de Ironforge.

La sola visión de las maravillas fabricadas allí por los gnomos avivó en mí el interés por la ingeniería. En poco tiempo entré en conversaciones con varios gnomos hasta que por fin encontré a los maestros adecuados. Fue un aprendizaje duro, pero sabía que estaba en las manos indicadas, así que trabajé con fervor mientras me instruían en sus artes.

Afortunadamente, mi experiencia previa como minero había convertido en familiar el trabajo del metal. Con las grandes cantidades de cobre que había obtenido pude practicar mis nuevas habilidades, fabricando todo tipo de objetos. Entre los objetos más interesantes que fabriqué se encontraba una poderosa escopeta que me permitiría acabar con mis enemigos desde la lejanía. También desarrollé cierta destreza en la elaboración de explosivos con los que sorprender a mis enemigos en medio de un combate.

Finalmente, mientras que mis intentos de iniciarme como herrero sólo habían producido hastío en mí, la ingeniería se me reveló como una gran pasión. El potencial de los artefactos que podría construir se antojaba casi ilimitado para mejorar mis posibilidades en combate. Continué trabajando en las fraguas de Ironforge hasta que los maestros ingenieros determinaron que ya estaba preparado para continuar con mi aprendizaje por mi mismo. A lo largo de mis viajes encontraría compañeros ingenieros que me enseñarían cómo fabricar nuevos artefactos. Ante mí se abría un mundo de posibilidades.

Pero el dinero que tenía ahorrado se había ido acabando poco a poco durante mi aprendizaje. Así que cuando abandoné las fraguas, lo hice necesitado de ir en busca de nuevas ganancias. Por suerte, esto no resultaría difícil. Las gentes de Ironforge también tenían sus problemas con bandidos, enanos renegados y grupos de trolls hostiles. Todo un filón para el que sea capaz de explotarlo. Ayudaría a los enanos a deshacerse de algunos de estos enemigos… por un módico precio, claro está.

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