La Coctelera

Legends of Circonio

Antiguo Clan del World of Warcraft en el servidor Argent Dawn

Categoría: Khondor

26 Septiembre 2006

Una despedida

Escrito por Khondor Tharauman

Hemos vivido tiempos de crisis en el World of Warcraft. La desastrosa política de migraciones a los servidores españoles implantada por Blizzard ha separado clanes (o hermandades como las llaman ahora) y amigos. Los jugadores de rol han sido los más perjudicados, pues no se les ha permitido migrar a reinos específicos de rol.

Rolear en inglés es complicado. Tengo un cierto dominio de la lengua, pero es más bien técnico. Puedo describir el funcionamiento de un procesador, pero no puedo expresar lo mucho que detesto los campos de internamiento en los que los humanos enclaustraron a los orcos. Es lógico, por tanto, que me apetezca acudir a un reino de rol en español.

Pero Blizzard no me ha dejado. Finalmente, Khondor terminó en un reino PvE donde se acabó el rol. Ya no habrá más historias de Khondor. Ahora solo será jugar battlegrounds y dungeons, mejorar el equipo y aspirar a nuevos battlegrounds y dungeons. No más historias tampoco de Rhadamanthys o de Aldebarán. Son personajes de poco nivel y no merece la pena que los siga desarrollando en un servidor de rol en inglés ante la inminente apertura de un servidor de rol español.

Este blog tenía como propósito principal contar las historias de nuestros personajes. Dado que no habrá más historias, creo no tiene sentido seguir. Así que con estas líneas me despido. La aparición de un nuevo servidor traerá la aparición de nuevos personajes. Quizá un nuevo Khondor, un orco como siempre debió ser. Pero esa, amigos míos, será otra historia.

Hasta siempre.

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20 Agosto 2006

Teoría de la extinción

Escrito por Khondor Tharauman

Supón que en una determinada zona hay jabalís y basiliscos, digamos que un 50% de cada uno. Ahora imagina que se te envía en una misión para matar a los basiliscos. Por cada uno que mates volverá a aparecer otro animal, que podrá ser un jabalí o un basilisco. Supongamos que hay un 50% de probabilidades de que el nuevo animal sea un jabalí y otro 50% de que el nuevo animal sea un basilisco.

Si matas a todos los basiliscos, es decir, al 50% de los animales de la zona, la mitad de los nuevos animales serán jabalís y la otra mitad basiliscos. Por tanto, si tiene que reaparecer el 50% de los animales, el 25% serán jabalís y el 25% serán basiliscos. Contando con el 50% de jabalís que había al principio, esto significa que al terminar de reaparecer los animales habrá un 75% de jabalís y un 25% de basiliscos.

Según este principio, si sigues matando basiliscos, cada vez habrá menos de ellos hasta que, finalmente, se extingan. Normalmente, esta situación se equilibraría porque en la zona habría más personas con la misión de matar jabalís o simplemente eliminándolos para ganar experiencia o porque se cruzan en su camino. Pero si no hubiera nadie más, o si nadie tocara a los jabalís pero todo el mundo matara basiliscos, estos acabarían por desaparecer.

Por supuesto que no puedo demostrar que las cosas sean así en World of Warcraft. Por ejemplo, una forma muy sencilla de evitar la extinción es tener un contador global del número de criaturas de cada clase que hay en la zona y establecer una cantidad mínima de cada una.

Pero el caso es que hace unos días, por la noche, me quedé solo en Blasted Lands. Al hacer un /who me di cuenta de que no había absolutamente nadie más de La Alianza y tampoco encontré a nadie de La Horda en todo el rato que estuve. La misión que tenía requería matar basiliscos y acabé prácticamente con todos. Al final, en las zonas en las que antes abundaban no había ni uno y tuve que dar vueltas a caballo durante mucho rato hasta que encontré tres de ellos en un lugar que no había visitado y finalicé la misión. Así que mi teoría no debe ir demasiado desencaminada…

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10 Agosto 2006

No dejar jugar

Escrito por Khondor Tharauman

Un par de compañeros del clan quedamos hace un par de días para retomar dos de nuestros viejos personajes y jugar juntos. En concreto se trata dos tauren de nivel 32 que residen en el servidor PvP Sunstrider y con los que fuimos a Stranglethorn a cumplir un par de misiones.

Grave error. Al poco tiempo de llegar apareció un grupo de aliados de alto nivel que nos masacró con un par de golpes a cada uno. No contentos con ello, se quedaron por la zona un tiempo para matarnos de nuevo cuando resucitáramos. Por suerte se aburrieron al poco rato y pudimos seguir jugando, pero no pasó demasiado tiempo hasta que otro grupo de aliados de alto nivel volvió a repetir la jugada.

De hecho, hubo un cazador que me mató de un solo disparo. Fue tan rápido que tuve que ir a mirar el registro de combate para ver qué era lo que había pasado y por qué de repente estaba muerto. Lo más probable es que fuera un cazador de nivel 60 y hasta arriba de épicos para poder realizar un disparo tan bestia.

En general, esa sesión de juego fue una completa pérdida de tiempo. Nos mataron como cinco o seis veces y siempre gente de alto nivel que jugaba con una ventaja desmesurada. ¿Qué diversión puede encontrar esa gente en matar a alguien que no representa un reto? Es algo que nunca he entendido. Pero claro, estamos hablando de las mismas personas que ante una historia como esta soltarían LOL’s, CRY’s, LRN2PLAY’s y PvE’s.

Y precisamente esta es la opción que tomamos hace ya tiempo: irnos a un servidor PvE en el que el combate jugador contra jugador siempre es de mutuo acuerdo. En los servidores PvP hay muy buenos jugadores, que no matan a los de bajo nivel porque no les beneficia en nada y son consciente de que cada vez que una persona muere pierde mucho tiempo en poder resucitar. Sin embargo, también hay gente a la que no le importa chafarle una sesión de juego a alguien de bajo nivel sólo para las risas.

A veces es bueno recordar los motivos por los que has tomado una determinada decisión. Cuando me apetezca hacer PvP ya me iré a un battleground o activaré el flag. Pero no tengo intención de regresar nunca más a un servidor PvP para ponerme en el punto de mira de los lolazos estos. El WoW es un juego y está para jugarlo. Hay que jugar, pero también hay que dejar jugar.

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23 Julio 2006

El final de la caza

Escrito por Khondor Tharauman

El cazador corrió entre los árboles, adentrándose en los bosques que rodeaban Darnassus. El entorno era muy familiar para el elfo nocturno y hubiera tenido grandes posibilidades de ocultarse con éxito de un perseguidor menos tenaz. Pero el humano que lo seguía era incansable y la persecución parecía no tener final. Finalmente decidió detenerse en medio de un claro y hacer frente al guerrero humano.

Khondor apareció entre los arbustos y se detuvo frente al elfo, observándole con los ojos inyectados en sangre. El oscuro yelmo que llevaba casi ocultaba sus rasgos y la pesada espada a dos manos que había elegido para ese combate pendía de un arnés a su espalda. La larga persecución había llegado a su fin.

A los pies del cazador, un negro felino aguardaba expectante sus órdenes. Habían recorrido juntos una gran distancia huyendo del guerrero, pero los trucos y artimañas se habían agotado. La fiel mascota era el último as en la manga del elfo. Con un gesto de su mano, el felino se abalanzó sobre el humano que los perseguía.

Los colmillos de la bestia que se precipitaba sobre él eran del tamaño de sus puños. La poderosa musculatura resultaría más que suficiente para tumbar a un humano medio. Pero Khondor no era un humano medio. El guerrero desenvainó la voluminosa espada y la blandió en un poderoso arco horizontal. El golpe no alcanzó al felino, pero ese no había sido su propósito. Para evitar el ataque, la mascota del elfo había tenido que detener el ímpetu de su carga, por lo que había perdido toda la ventaja.

Durante unos instantes, el guerrero y la bestia se sondearon, buscando una desventaja en la defensa del otro. Entonces, una flecha golpeó el hombro de Khondor y el guerrero cayó al suelo. El elfo le había dado a su fiel compañero la oportunidad que necesitaba para atacar y éste no se lo pensó dos veces, compenetrados como estaban después de muchas batallas.

Sin embargo, tanto el cazador como su mascota habían cometido un error fatal al creer que la flecha había herido al guerrero. La poderosa armadura que portaba había desviado el proyectil, pero Khondor había aprovechado la oportunidad para poner en práctica una argucia. El felino se abalanzó sobre lo que el creía que era un oponente malherido y, al bajar la guardia, el puño del guerrero, revestido de hierro, golpeó contundentemente la base de su cuello.

La mascota cayó de lado en el suelo, completamente aturdida, y no tuvo tiempo de reaccionar ante la estocada de la espada. Con las dos manos sujetando firmemente la empuñadura, Khondor clavó literalmente al felino en el suelo, donde su vida termino entre estertores.

El elfo cayó al suelo de rodillas, horrorizado ante la muerte del que había sido su compañero. Khondor levantó la cabeza lentamente hacia su oponente y sonrió burlonamente. Se había terminado. El cazador ya no tenía fuerzas para huir. El guerrero arrancó la espada del cuerpo de su víctima y avanzó hacia él, dispuesto a ejecutarlo. Por fin podría terminar con… ¿con qué?

Khondor se quedó clavado en el centro del claro. ¿Qué estaba haciendo allí? No lo recordaba. Tenía el impulso casi irresistible de acabar con el elfo pero no recordaba por que. No tenía sentido… pero no pudo impedir dar otro paso y otro y otro más hacia el cazador vencido que le miraba compungido, casi como deseando que llegara la muerte. Pero de nuevo, Khondor se detuvo. ¿Por qué tenía que matarlo? ¿Cuál era la razón?

De repente, se dio cuenta de que había una tortuga a sus pies. No, no era una tortuga. Ahora empezaba a recordarlo. La tortuga no era sino el recipiente físico con el que un demonio llamado Yarei se había unido a él. El elfo… el elfo era un espía, un testigo de su búsqueda por alcanzar un mayor poder a través de las sombrías energías demoníacas. El elfo tenía que morir para que no revelara sus propósitos a los patrones del clan Circonio.

La ejecución debía llevarse a cabo, así que levantó la espada por encima de su cabeza y se dispuso a dar el golpe de gracia. Su búsqueda del poder no debía ser interrumpida, debía obedecer al demonio y acabar con… ¿obedecer? De repente, Khondor fue consciente de que no eran sus propios pensamientos los que guiaban sus acciones. La voz del demonio, sutil, había estado en el fondo de su mente durante semanas. No iba a matar al elfo para defender sus intereses. Iba a matarlo para defender los intereses del demonio.

La espada bajó, pero no golpeó al cazador arrodillado. El golpe alcanzó a la tortuga en el centro de su caparazón y se produjo una luminosa explosión. Por primera vez en mucho tiempo, la niebla de odio sanguinario que había nublado la mente de Khondor se diluyó. De repente podía recordar todo lo que había pasado con claridad. Había intentado usar la energía demoníaca como una herramienta a su favor pero ésta se había vuelto en su contra y casi lo había poseído por completo.

En ese momento, al disiparse el humo causado por la explosión, Khondor vio a un demonio rojo en pie entre los restos del caparazón de la tortuga. Yarei se manifestaba por fin en su forma real y se dirigió a él:

¿Por qué has hecho esto? Al romper nuestro vínculo has perdido el poder que te otorgaba. No renuncies a esta energía. Con ella podrás convertirte en el más grande de los guerreros. Únete a nosotros y juntos dominaremos…

Khondor interrumpió al demonio con un grito:

¡Basta! Yo no soy esclavo de nadie y mucho menos de la Legión Ardiente. Me equivoqué al pensar que podría emplear el poder de los demonios para mis propósitos. Fui un estúpido al creer que la humanidad podría utilizar la energía demoníaca para defenderse de sus enemigos sin pagar un precio a cambio. Pero no soy tan idiota como para intentarlo otra vez.

El demonio rugió de ira y escupió su respuesta:

Si no te unes a nosotros tendré que destruirte. Ésta es tu última oportunidad para evitar la condenación. Tu destino es luchar a favor de la Legión o morir en este mismo bosque.

Khondor bajó la cabeza y miró al suelo durante un instante. Durante un breve instante, el demonio pensó que había conseguido su propósito. Pero cuando se dispuso a hablar de nuevo, escuchó una risita sarcástica proveniente del guerrero. De repente, Khondor alzó la espada y atacó al demonio. Éste intentó bloquear con sus zarpas el golpe lateral que llegaba desde su izquierda y consiguió evitar una herida fatal, pero a costa de sufrir gravísimas laceraciones en los antebrazos.

Yarei rugió de nuevo, pero esta vez de dolor. La sangre caía a borbotones de las venas cercenadas en sus brazos, que ahora pendían inertes a los lados de su cuerpo. El odio se reflejó intensamente en la mirada que el demonio dedicó a Khondor. Con una irónica sonrisa en sus labios, el guerrero se dirigió a Yarei por última vez:

De nuevo me has tomado por estúpido. Cometiste el error de materializarte en mi plano de existencia. Y si eres material, se te puede matar. ¿De veras creíste que eras el primer demonio que veía? ¿En serio pensaste que no era capaz de reconocer un farol? Ahora vuelve al infierno del que saliste… ¡Ah! Si vuelves a hablar con Zardeth, tu antiguo maestro, dile que la próxima vez que quiera contar con mis servicios tendrá que ofrecer una sustanciosa recompensa a cambio. Si por el contrario vuelve a intentar engatusarme con otro demonio, no pasará mucho tiempo hasta que vea el filo de mi espada saliendo por su pecho.

El cuerpo de Yarei cayó al suelo y, casi de inmediato, comenzó a descomponerse. El cazador elfo, que había presenciado toda la escena, se acercó a la espalda de Khondor. Mientras los restos del demonio terminaban de disolverse entre volutas de humo, el elfo puso una mano sobre el hombro del guerrero y trató de reconfortarlo:

Hermano, te has enfrentado a los demonios y has vencido. Pocos consiguen liberarse de una posesión y se puede decir de los que lo hacen que tienen un espíritu fuerte. Hablaré en tu favor ante el clan Circonio para que tus errores sean perdonados y…

El elfo se interrumpió bruscamente, con un entrecortado jadeo, y miró hacia abajo. La espada de Khondor estaba profundamente clavada en su estomago. Sus piernas se tambalearon pero no pudo caer al suelo porque los fuertes brazos del guerrero sostenían la hoja que lo atravesaba. No obstante, Khondor no le miraba a los ojos cuando le habló:

El clan Circonio no sabrá nunca nada de todo esto. Nadie lo sabrá nunca. Tú eras el único testigo que podía imputarme y me temo que no podrás hablar de esto con nadie…

Los estertores agónicos del cazador casi no le dejaron responder:

Pero… Tazar…

Khondor replicó airadamente:

¿Tazar? Tazar no sabe nada del demonio que me poseía y, en cualquier caso, está tan metido en esto como yo. Ninguno de los dos hablará por la cuenta que nos trae, puedes estar seguro. Si te sirve de consuelo, siento mucho haber tenido que llegar a esto.

Pero el elfo no había escuchado estas últimas palabras. Khondor bajó la espada y el cadáver se deslizó hasta el suelo. El guerrero miró atentamente al cuerpo del elfo. Un amago de lágrima acudió a su ojo derecho, pero lo desechó con un movimiento de cabeza. Toda esta situación se había descontrolado, había subestimado el poder de los demonios y había pagado caro su error. ¿No había una manera segura de dominar las energías de la oscuridad y utilizarlas en provecho de La Alianza sin atraer a los demonios en el proceso? Tendría que hablar con Tazar sobre ello. Además, algunas personas parecían ser capaces de sobreponerse a los demonios y controlarlos, como el gnomo Slish… ¿o acaso era una ilusión y quienes tenían realmente el control eran los demonios? Tendría que meditar sobre esto cuidadosamente.

Antes de partir, Khondor se arrodilló junto al cadáver del elfo y rebuscó entre sus posesiones. No había nada que lo identificara como miembro del clan Circonio, así que debía ser una espada de alquiler. Nadie lo echaría de menos, éste era un mundo peligroso y pensarían que había muerto durante el desempeño de su misión. Las armas que portaba eran de escaso valor y poco más había de interés en su mochila, a excepción de un sospechoso remiendo. Khondor cortó la tela con una daga y allí encontró una bolsa repleta de monedas de oro. Parece que el clan Circonio había dado dinero más que suficiente a su espía para la realización del trabajo que le habían encomendado. ¿Lo estaba siguiendo a él o a Tazar? Ya era tarde para preguntárselo. Lo que era seguro es que daría buena cuenta de ese dinero.

Khondor abandonó Darnassus y tomó un barco hasta Menethil, en las tierras de los enanos. Allí utilizó el oro del elfo para comprar un caballo, un poderoso animal de color negro azabache. Y montando en su nuevo caballo, el guerrero cabalgó hacia el sur. Lo mejor sería evitar Stormwind por un tiempo, desaparecer… los goblins de las tierras sureñas solían pagar bien a los mercenarios. Quizá era el mejor lugar al que acudir en busca de trabajo…

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19 Julio 2006

El Guild Wars no me gusta

Escrito por Khondor Tharauman

Hace cosa de un año probé el Guild Wars durante un par de semanas. Me atraía el cambio de mentalidad con respecto al WoW, eso de que no era necesario jugar un montón de tiempo para subir al máximo nivel. Pero finalmente lo dejé. La explicación es sencilla: el Guild Wars no me gusta.

Yo no soy de los que forman grupo cada vez que me conecto. Juego poco más de una hora al día y ese no es tiempo suficiente como para crear un grupo, decidir que misión hacer, coordinarse bien, etc. Sin embargo, mi impresión es que el Guild Wars está diseñado para jugar en grupo y trata de obligar a la gente (sutilmente o no tanto) a que juegue en grupo.

Por un lado, el WoW permite (la mayor parte de las veces) ir separando a los enemigos si los atacas de uno en uno. En pocas ocasiones te tienes que enfrentar a dos o tres enemigos a la vez. Depende del tipo de enemigo, es posible que pida ayuda o huya cuando se vea en apuros (un jabalí no lo hará, pero un orco sí, por poner un ejemplo). En Guild Wars cada vez que luchas con un enemigo atraes a todo bicho viviente en 40 kilometros a la redonda. Es digno de mención un patético combate contra 10 saurios de nivel 2 cuando yo tenía nivel 8. Era imposible que me mataran, pero me hicieron perder 5 minutos (en WoW, si tu eres de nivel 8, es muy difícil que un nivel 2 intente atacarte, está ponderado). La cosa se complica si en vez de saurios de nivel 2 son grawls de nivel 4. De esta manera, el mensaje que yo recibo de esto es "ven con alguien o traete un esbirro" (un esbirro es un NPJ contratado que te ayuda).

No me gusta que me obliguen a hacer cosas que no me apetece hacer y, lo que es peor, verme dependiendo de que alguien me ayude o no. A pesar de que el WoW está orientado a grupos, no tienes por qué agruparte con nadie. Cuando me conecto a las once de la noche después de un día currando, lo último que me apetece es organizar grupos. Solo quiero ponerme a matar cosas tranquilamente. De hecho, Khondor no ha pisado nunca un dungeon y el número de misiones elite que ha realizado pueden contarse con los dedos de una mano.

Otra forma de obligarte a ir en grupo es la penalización por morir. Si mueres en el WoW puedes resucitar en el cementerio más cercano (parecido a los templos del Guild Wars) sufriendo una penalización severa durante unos minutos. Pero también puedes optar por pegarte el
pateo hasta tu cadáver (como fantasma) y resucitar "gratis". En Guild Wars la penalización es eterna (hasta que te marchas a una ciudad y, por tanto, tienes que empezar de cero) y, en esas circunstancias, me parece una burrada que por morir 3 veces ya estés al 50% de tus capacidades, con lo que prácticamente te obligan (otra vez obligaciones) a marcharte para eliminar la penalización. De nuevo, el mensaje es "ven en grupo", con lo cual dependes de que en el momento concreto en el que estás jugando haya alguien que te quiera ayudar.

Una cosa es quedar con los colegas para hacer misiones cooperativas (eso también existe en WoW, en forma de dungeons) pero otra muy distinta es verte permanentemente obligado a pedir ayuda... en WoW el porcentaje de misiones que puedes hacer solo es como mínimo del 80% y te basta con ellas para llegar al nivel máximo, mientras que en Guild Wars es menos del 20% y bajando peligrosamente a medida que se avanza...

Y respecto al comercio en el Guild Wars, lo he calculado por activa y por pasiva, y no he encontrado una situación en la que reciclar materiales te haga ganar dinero. Por el contrario, en el WoW acabas sacando dinero a puñados (dinero del juego, me refiero) si te lo montas bien en la casa de subastas.

En resumen, sé que es una opinión personal y discutible, ya que depende de mi forma de jugar, pero el Guild Wars no me gusta.

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16 Julio 2006

Colaboración animal

Escrito por Khondor Tharauman

En este juego hay una cosa que nunca he sido capaz de entender. Supongamos que vas por el desierto de Tanaris y te ataca una hiena. Comienzas a luchar contra ella, pero no puedes evitar que un pajarraco pase demasiado cerca y se incorpore al combate. ¿Ataca a la hiena? Pues no, te ataca a ti. Según sigue la lucha, de repente oyes que un escorpión te ataca por la espalda. Ya son tres bichos distintos atacándote.

Yo entiendo que el jugador soy yo y, por tanto, también soy el objetivo de los enemigos. Tampoco pasa nada, porque me los cargué a los tres. Pero me pongo nervioso ante las situaciones absurdas que no consigo comprender, como por ejemplo cuando los coches de policía suicidas de The Getaway se lanzaban contra mí, poniendo en peligro a todos los transeúntes. ¡Un policía real nunca actuaría así!

En el caso que nos ocupa ¿cómo es posible que un pajarraco, una hiena carroñera y un escorpión crecidito se pongan de acuerdo para unir fuerzas contra mí? No tiene ningún sentido. Pero claro, es lo más fácil de programar.

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21 Junio 2006

Carrera en el desierto

Escrito por Khondor Tharauman

La suave brisa marina hubiera hecho las delicias de cualquiera en la llegada del barco a Theramore. Pero entonces, ¿por qué no estaba disfrutando del viaje? No podía quitarme mi objetivo de la cabeza. La tortuga Yarei, el demonio familiar de Zardeth, estaba adormilada a mi lado. Era hora de retomar la persecución. Tenía que acabar con ese elfo antes de que fuera tarde. Había oído mi conversación con Tazar y no podía permitir que contara nada a nadie. Estaba absolutamente obsesionado.

En cuanto el barco atracó, bajé de un salto por la borda y corrí hasta el responsable de los grifos. El elfo no debía llevarme más que unas pocas horas de ventaja y el cuidador de los grifos debía acordarse de él y de su destino. Pero no. No recordaba ningún elfo en las últimas horas. Quedé perplejo por un momento.

Si no se había ido volando, entonces ¿qué había hecho? El destino del elfo era Darnassus pero había acabado en el barco erróneo para poder escapar de mí. Si ahora quería recuperar la ruta original, tenía que haber tomado un grifo, no tenía sentido que intentara recorrer una distancia tan enorme a pie o a caballo. ¿Acaso seguía en la ciudad?

Recorrí las calles pensando, pero atento a cualquier indicio. No podía tener una montura preparada en Theramore, ya que no era su intención venir hasta aquí. Si había alquilado o comprado una, alguien tenía que recordarlo. Tuve que efectuar bastantes preguntas y repartir algunas monedas entre los vendedores ambulantes que estaban por la zona para obtener la información que necesitaba. Un elfo había llegado en el barco anterior y había intentado conseguir un caballo, pero nadie se lo había querido alquilar o vender.

Uno de los guardias de la puerta de la ciudad me confeso, tras un pequeño soborno, que había visto al elfo salir caminando e internarse en el pantano. ¿Así que era eso lo que pretendía? En lugar de tomar el camino obvio, un grifo a Darnassus, se había internado en el pantano con la intención de hacerme perder su rastro. De hecho, sería prácticamente imposible seguir ningún rastro en el pantano.

Pero si no podía seguir su rastro, tendría que anticiparme a su jugada. No le quedaban demasiadas opciones. Al este estaba el mar, mientras que al norte y al oeste estaban los territorios dominados por la Horda. Si intentaba cruzarlos para llegar a Darnassus tardaría días en llegar a una zona menos hostil. Si es que llegaba. Pero el elfo no era un guerrero; si no se había enfrentado a mí tampoco lo intentaría con los orcos.

Otra opción posible es que abandonara el pantano en dirección sur, hacia el cañón de las Mil Agujas, pero esa zona también estaba controlada por la Horda… a no ser… Gadgetzan, la ciudad goblin, estaba relativamente cerca y era una zona neutral. Quizá se dirigía hacia allí. Era una opción tan buena como cualquier otra, así que me dispuse a probar. Introduje la tortuga en la caja que tenía en la mochila, donde solía descansar durante los viajes, y me puse en camino.

Atravesé el pantano siguiendo la desdibujada carretera de Theramore y crucé las montañas para luego tomar rumbo sur. Tras una larga caminata llegué a la entrada del cañón, un puesto de guardia vigilado por dos tauren que cometieron el error de atacarme. No eran rivales para mí. Sus familias lamentarán la pérdida.

Afortunadamente, el agreste cañón y las numerosas agujas rocosas proporcionaban una buena cobertura frente a los guardias de la Horda, así que pude cruzarlo sin problemas hasta llegar a los comienzos del desierto en el que se encuentra Gadgetzan. Pero poco antes de llegar a la ciudad había un pequeño puesto de avanzada.

Los goblins y los gnomos convivían en este lugar. Había varias tiendas y unas gradas junto a lo que parecía una pista de carreras. Y allí se encontraban dos vehículos, uno goblin y otro gnomo, dispuestos a comenzar una carrera. Se respiraba un ambiente de tensión debido a lo altamente competitivas que eran cada una de estas razas con respecto a la otra a la hora de demostrar sus capacidades como ingenieros.

Ingenieros. Una idea se abrió paso en mi mente. En algún momento yo experimenté una cierta pasión por la ingeniería. ¿Qué había pasado? Ya sólo podía pensar en el elfo, en acabar con él para que no se entrometiera en nuestros planes. ¿Nuestros planes? ¿Había yo decidido algo acerca de estos planes? ¿Qué estaba haciendo aquí, de hecho, buscando a un elfo al que no conocía para matarlo? Un fuerte estampido interrumpió mis pensamientos cuando los vehículos comenzaron la carrera.

No podía seguir perdiendo el tiempo, tenía que continuar hacia Gadgetzan, así que seguí mi ruta hacia el sur, con la sensación de haber perdido el hilo de mis razonamientos. ¿En qué estaba pensando? No debía ser importante… continúe corriendo por el desierto hasta que mis sentidos se vieron atraídos por un cráter humeante. Me acerqué y, dentro de él, encontré los restos de uno de los bólidos de carreras. Al parecer, la ingeniería tenía sus peligros. El piloto debía haber muerto en el acto en una explosión y sus restos calcinados estaban entre los hierros retorcidos del armazón destrozado. Sin duda habían cometido un error en las proporciones del combustible que…

Ingeniería, eso era lo que estaba pensando antes. Me preguntaba por qué estaba tan obsesionado con la persecución. Nunca antes me había obsesionado tanto con un objetivo. Incluso había prescindido de recompensas importantes como la de VanCleef porque obtenerlas era demasiado problemático. ¿Por qué ahora me tomaba tantas molestias en alcanzar al elfo?

Me estaba empezando a doler la cabeza y me costaba centrar mis pensamientos. Debía seguir hacia el sur y encontrar al elfo. Ese era el objetivo primordial ahora. Comencé a correr hacia el sur, hacia el paso de montaña de Gadgetzan. La carrera me impedía pensar demasiado en el tema. Poco a poco, las dudas se fueron diluyendo una vez más y sólo quedó mi presa.

Alcancé el final del paso de montaña completamente exhausto, pero tenía Gadgetzan a la vista. El puesto de vuelo de las mantícoras de la Horda se encontraba al lado de los muros de la ciudad. En el extremo opuesto estaba el puesto de grifos. Me adentré en la populosa ciudad y me dirigí a la posada. Pero un movimiento me detuvo. Era la tortuga; o quizá sería más preciso decir el demonio. Se las había arreglado para salir de la caja y lanzarse de la mochila al suelo. La seguí con la mirada, hasta una pequeña tienda de gnomos y allí lo vi.

El elfo estaba hablando con ellos. Sus ropas estaban manchadas de ceniza. Sin duda había intentado socorrer a la víctima del accidente. ¿Por qué yo no había intentado nada? Quizá había más supervivientes en las cercanías. Hubo un tiempo en el que llamaba amigos a los gnomos… el demonio clavó su mirada en mí a través de los ojos de la tortuga, una mirada ardiente… mis manos desenvainaron las espadas y me lancé a correr hacia el elfo.

Apenas a unos metros de distancia, un par de guardias goblin se interpusieron en mi camino con sus armas preparadas. No iban a permitir altercados dentro de la ciudad. Se montó un pequeño revuelo que llamó la atención del elfo y, una vez más, cruzamos nuestras miradas. Había pánico en sus ojos. Se dio la vuelta y corrió hacia la salida de la ciudad, justo donde estaba puesto de los grifos.

Me acerqué caminando con tranquilidad mientras el grifo del elfo despegaba rumbo al norte. Sabía hacia donde se dirigía y una siniestra alegría empezaba a colmarme. Como quien no quiere la cosa, pregunte a uno de los guardias goblin del puesto hacia dónde se había salido el último grifo, sólo para confirmarlo. Pero estaba a punto de terminar el trabajo. Se habían acabado sus engaños y sus tretas. Estaba desesperado y se dirigía directamente a Darnassus. Pero esta vez sólo tenía unos minutos de ventaja. Era mío.

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8 Junio 2006

La verdadera naturaleza del Cóndor

Escrito por Khondor Tharauman

Llevo pensándolo mucho tiempo y no me lo quito de la cabeza. Hago todos los intentos posibles por convencerme a mí mismo de lo contrario pero, en el fondo, no lo consigo. Critico a la Horda, los destrozos que hacen los No-muertos con la ropa, lo corcovados que van los Orcos y los Trolls, lo feas que son las posadas. Hago lo posible por ensalzar la Alianza, lo bien que quedan las armaduras en humanos y enanos, la belleza de la arquitectura… y sigo sin convencerme.

En el fondo de mi corazón sé que soy un miembro de la Horda. Desde que empecé a jugar al Warcraft II me divertía sobre todo cuando controlaba el ejército Orco. El video que más me gustó del Warcraft III fue la muerte de Mannoroth y la campaña que más disfruté fue la Fundación de Durotar en la expansión.

Por más que me intento convencer a mí mismo, no lo consigo. Para mí, la Alianza es el enemigo. No quiero disfrutar de la arquitectura de Stormwind, lo que quiero es quemarla hasta los cimientos. No quiero ver lo bien que queda la armadura en mi guerrero Humano, lo que quiero es exterminar a esa raza que se cree con derecho a dominar el mundo. Quiero destruir el orgullo de los Enanos. Quiero masacrar a los altivos y déspotas Elfos Nocturnos. Los patéticos Gnomos ni siquiera merecen un pensamiento por mi parte. Los Draenei alienígenas no tienen sitio en este lugar como no lo tenían en Draenor.

El poder de los Orcos debe dominar este mundo. Los ancestrales Trolls deben redimirse de los sanguinarios actos de sus antepasados. Los No-muertos tienen el derecho de encontrar su sitio entre las demás razas y escapar definitivamente del Rey Lich. La nobleza de los Tauren debe imponerse sobre la desidia y la falsedad de los pueblos de la Alianza. Los desterrados Altos Elfos deben recuperar lo que es suyo por derecho.

Por eso Khondor es un rebelde, por eso su alma es oscura, por eso no tiene piedad en matar a sus semejantes. Por que la Alianza es el enemigo. Soy un miembro de la Horda atrapado en el cuerpo de un Humano.

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